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Moikka! Here's Adrián. I work for Igalia.

Autoengaño

El agua de la ducha caía sobre su cabeza, aclarándole el pelo y las ideas. Siempre buscaba una explicación a todo, pues le resultaba reconfortante. Le había ocurrido con anterioridad: deseaba ser capaz de dejarse guiar por su instinto, por sus deseos, por su corazón, sin que éstos fuesen supeditados a los escrutinios y veredictos de su analítica mente.

Se autoengañaba negándose a aceptar que las certeras flechas de Cupido lo hubiesen alcanzado. Sus miedos, en ocasiones contradictorios, no se habían ahogado bajo el agua purificadora sino que lo acuciaban con más y más intensidad cada día. Lo que más le aterraba era saber que «siempre» y «nunca» eran palabras extremadamente peligrosas: no podía pedirle que lo amase por siempre, ni que que nunca hiriese su corazón, porque tampoco él estaba seguro de poder hacerlo.

Se secó observando cómo el agua restante en el fondo de la bañera revoloteaba alrededor del desagüe, hundiéndose en la nada que la esperaba al otro lado, para finalmente llegar al océano y comenzar así un nuevo ciclo. Alimentar la vida propia y ajena, aún a costa de sus lágrimas; sentirse y ser necesario, aunque con ello su ausencia fuese dolorosa para los demás; volver a intentarlo al ser deshechado... eso quería.

Un escalofrío recorrió su espalda: no sabía cuanto tiempo llevaba allí de pie, desnudo. Lo único de lo que estaba seguro es que por fin había tomado la firme decisión de intentarlo.