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Moikka! Here's Adrián. I work for Igalia.

Una carta bajo el sombrero

Paul Newman Se había comprado su primer sombrero aquella misma tarde, y enseguida se percató de que siempre había deseado tener uno. Un sombrero de lana negro, ligero y —¡por qué no!— un poco gangsteriano, para poder emular una partida de póker como las que había visto en aquéllas películas en blanco y negro ambientadas en el turbulento Chicago de los años cuarenta que tanto le gustaban. Aquella misma noche tenía una cena con el resto del clan, así que aprovecharía para lucirlo por primera vez.

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Volvieron a casa después de una agradable cena en el restaurante del afable Penneti, un negocio que llevaba en pie desde que era niño, y del que lo que más apreciaba era la inutilidad de Grossi, el hijo del signore Penneti, para preparar platos típicamente italianos. Gracias a ello podían experimentar el placer de otros sabores del mundo cuando el padre se tomaba un descanso en la cocina.

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Llevaba toda la noche imaginándose a sí mismo en una mesa del Penneti’s, con poca luz y la corbata medio desatada, en medio de una tensa partida de póquer con Paul Newman y Robert Shaw. Fiorellina, o Rizzola como la llamaban cariñosamente por lo caprichoso de su melena azabache, interrumpió el vuelo con una pregunta digna del mejor de los tahúres:

—Estás muy callado, ¿en qué piensas?

—Ya tengo el sombrero, ahora me faltan un par de compinches para una partida de póquer… Si escondiese una carta de la baraja francesa bajo el ala, ¿cuál crees que sería?

—Creo que el as de corazones—contestó ella tras reflexionar unos segundos.

—Pues sí, ¿y sabes por qué? —se pararon en medio de la acera y la miró a los ojos— Porque sé que me darías suerte.